Crecer sin pantallas

Cuando hablamos de “Crecer Sin Pantallas”, hablamos de una forma de educación donde las pantallas no son las protagonistas dentro del entorno familiar. Puedes pensar que hoy en día esa forma de educación puede llegar a ser una pesadilla o imposible. Pero podemos asegurarte que no lo es. Simplemente hay que hacerlo de una forma consensuada, desde el respeto, y con mucho amor, paciencia y dedicación. Se trata de una forma de vivir y disfrutar en familia.

Nosotros no vivimos en un mundo diferente, ni mucho menos, sabemos que vivimos en la “era digital”. Pero tampoco podemos olvidarnos de que no todo vale. Especialmente cuando estamos hablando de la educación de nuestros hijos.

El origen

En nuestro caso, lo tuvimos claro incluso antes de que nacieran . Veíamos muchos casos de familias donde la comunicación era inexistente, existía una completa desconexión familiar. También conflictos familiares con los más pequeños por el excesivo uso de las pantallas, acabando en malas conductas y niños sobreestimulados. En definitiva, nuestro entorno nos estaba ofreciendo multitud de razones por las que nos planteamos como queríamos educar a nuestros hijos.

Y así fue, antes de que naciera Lucia (6 años), decidimos intentar que nuestra  pequeña creciera sin la necesidad de tener que usar una pantalla. Ni para, por ejemplo, comer o para distraerse mientras viajamos en metro o autobús. Simplemente para ser capaces de poder conversar y así tener la oportunidad de conectar con ella. Algo fundamental de cara a entender a nuestros hijos y poder ayudarles en todas las dificultades que se le presenten y en las que necesiten nuestra presencia.

Estas observaciones de nuestro entorno antes de ser padres abrió el debate entre nosotros para decidir cómo íbamos a educar a nuestros hijos. Así fue como surgió la idea de “Crecer Sin Pantallas”. El objetivo fundamental no era otro que  aplazar el contacto con las pantallas hasta que ellos sean más maduros. Y así poder hacer un uso más responsable apoyados en una mayor madurez de su cerebro para analizar y sopesar mejor los pros y los contras.

No podemos olvidarnos también que esta decisión, como cualquier otra decisión que se tome en la familia, es muy importante que se haga de forma consensuada. De nada servirá si el padre y la madre tienen pensamientos completamente diferentes en la forma de educar a sus hijos. Por lo tanto, si no existe un consenso, es mejor hablarlo primero para madurar esta decisión tan importante, hasta que la pareja esté completamente convencida de cómo educar a su hij@(s).

No solo eso, somos humanos y nos equivocamos. En este camino de la educación de nuestros hijos, habrá muchas ocasiones que actuemos de forma errónea. No somos perfectos, pero si la pareja va de la mano y se apoya el uno al otro, teniendo en cuenta el objetivo común que se plantea, os podemos asegurar que todo será mucho más sencillo.

Reflexión personal

Al fin y al cabo, cuando decidimos ser padres debemos concienciarnos de que la educación de nuestros hijos se trata de una carrera de fondo. Una carrera donde nos encontraremos momentos muy buenos y otros no tan buenos. En algunas ocasiones estaremos muy cansados o sin ganas de nada, y es entonces, cuando pueden surgir esos momentos de debilidad que pueden hacer que en vez de leerles antes de dormir, le pongamos la televisión o el móvil. O que le pongamos los dibujos porque no tenemos ganas de escucharlos. Ahí es donde debemos sacar fuerzas y demostrar que estamos con ellos para las buenas y para las malas, y que su educación es lo más importante para nosotros, porque ellos se lo merecen.

Cuando esos momentos de debilidad surgen, nosotros tenemos algunos trucos para conseguir autocontrol y evitar que el cansancio o el desgaste nos hagan tirar la toalla. Por ejemplo,uno puede ser irse a otra parte de la casa a respirar y a reflexionar un momento hasta que los nervios se pasen, y así poder pensar con claridad. A veces tomar las decisiones en caliente puede que nos lleve a tirar por tierra mucho trabajo que llevamos haciendo durante mucho tiempo.

Así que desde nuestra experiencia queremos animaros a ofrecerles a vuestros hijos, o futuros hijos, una educación como la de “Crecer Sin Pantallas». Un estilo de vida donde las pantallas no sean una necesidad para ellos ni para la familia. Ellos necesitan otras cosas más importantes para poder desarrollarse, especialmente en edades tempranas: Tiempo de calidad en familia.

En este episodio número 1 del podcast Crecer sin Pantallas nos presentamos.

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